
¿Cómo comes?
Fuente: IMSS
Regularme se come por hambre, y deberíamos comer a la hora que tenemos hambre, para tener las cantidades de nutrientes que requiere el cuerpo. Sin embargo, el ritmo frenético de la vida no lo permite y se come cuando se puede y como se puede.
En Los kilos de la amargura, Dra. Irene Szczedrin, comenta el caso de dos pacientes. Clara: "Comienzo a trabajar a las 8 de la mañana y no puedo parar hasta las 4 de la tarde. Cuando llego a mi casa a las 5 podría devorar a mi madre". El caso de Marta es muy diferente: "La hora del desayuno es a las 10 de la mañana, y la comida a las 2 de la tarde. A esa hora todavía no tengo hambre, pero como no puedo cenar hasta las 10 de la noche, o como a las 12 o el hambre me mata..."
Muchas veces no existe la opción de elegir la hora de comer, mucho menos escoger los alimentos. Las personas deben adaptarse a las exigencias de su entorno. Comer cuando no se tienen hambre y no comer cuando tienen. Las exigencias laborales y sociales obligan a cumplir ciertos horarios, sin embargo hay más.
Las relaciones sociales siempre se ven acompañadas de alimentos, cuando una persona desea ver a otra regularmente el punto de encuentro es un cafetería o un restaurante, de igual manera cuando se va a realizar algún negocio se acompaña de una comida que hace el momento más agradable y placentero. En principio, esto no es perjudicial, siempre y cuando no afecte la salud.
Desde pequeños, hombres y mujeres se ven sometidos a ritos, costumbres y horarios. Esto, en sí mismo, no sólo no está mal, sino que es beneficioso. La anarquía lleva al desorden, y sería contraproducente para el trabajo que cada quien se levantara de la mesa y se fuera a comer a la hora que le pareciera oportuna. Sujetarse a un horario ayuda al organismo a establecer ciertas horas de funcionamiento.
Otras razones para comer se vinculan con situaciones emocionales. Existen personas cuya motivación a la hora de comer se genera por una frustración. Algunas veces hombres y mujeres no se percatan de ello.
Patricia, otra paciente de la Dra. Szczedrin, era considerada por sus amistades como una persona pacífica, amable y considerada. Entre sus amigos era el caso típico de una gordita feliz que además, para no provocar una pelea, cedía en pequeñas cosas que incluso ella consideraba no tan importantes para pelear. Sin embargo, esta actitud le disgustaba: ella consentía en ceder, pero internamente se sentía frustrada por no conseguir lo que deseaba.
Obviamente, no está mal ceder para no pelear, si se trata realmente de una actitud honesta que no nos genera luchas internas; pero ésa no era la realidad de Patricia.
Esto no quiere decir que cada vez que se come hay una frustración de por medio ni que todos reaccionen igual al entorno; pero el conocimiento y el apoyo de un profesional ayudan a entender un poco mejor las situaciones.
Es necesario mejorar los hábitos no solo de manera individual, sino de manera familiar y así, hasta convertirse en un hábito de la colectividad. Es posible que México construya un ambiente saludable, pero abriendo mecanismos que permitan que la sociedad en conjunto invierta las cifras. Los mecanismos son incrementar la actividad física, comer de manera saludable, buscar información que ayude a mejorar la salud, y hacer participar a la familia en este nuevo plan.