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El hombre, ser en desarrollo por naturaleza, tiende a mirar continuamente hacia adelante. Jamás satisfecho con lo cotidiano y lo habitual, está permanentemente en búsqueda de lo remoto, lo inexplorado y lo desconocido. Pero llegue a donde llegue y logre lo que logre, siempre sentirá que sus retos más trascendentales son aquellos que quedan aún por conquistar. Su sed de avance, tan grande como su curiosidad, se mueve a mayor velocidad que el curso de la realidad. Es precisamente ahí donde ha encontrado su nicho la ciencia ficción.
Un momento fuera de este mundo
El corazón latía intensamente. De no ser porque el nuevo televisor Philips tenía la perilla del volumen girada hasta el tope, se hubiera escuchado la bomba cardiaca golpeteando contra el pecho. También la respiración era agitada y la adrenalina que recorría el cuerpo afinaba el estado de alerta, mientras los ojos de toda la familia permanecían adheridos al monitor.
Nadie se percataba ni se quejaba de que la imagen fuese en blanco y negro. En realidad, todos pensaban que se veía maravillosamente. Cuando de pronto, a 10 segundos de las 8:32 horas, comenzó el countdown: "Ten, nine, eight? three, two, one: Lift Off!". Como nunca en el pasado, una cuenta regresiva unía a millones alrededor del planeta, ansiosos por atestiguar la nueva etapa de la humanidad: su presencia en otro sitio del universo.
Aquella hazaña de tres astronautas a bordo del Apolo 11 es el avance más sorprendente del siglo XX y posiblemente de la historia. Especialmente porque el potencial futuro -sólo en este caso puede emplearse esta frase- es infinito.
Cuatro días después y tras recorrer 384,403 kilómetros, el 20 de julio de 1969, a las 8:17 horas, Neil Armstrong se convertía en el primer hombre en pisar la Luna. Insólito. En ese instante, la ciencia ficción y la realidad se encontraron frente a frente. A partir de ese parteaguas en la historia de la civilización, nada en el terreno del desarrollo podrá calificarse como inalcanzable.
"Un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad" fueron las primeras palabras del comandante Armstrong al pisar la superficie lunar. Y sí, la historia universal siempre lo recordará por eso; pero Edwin Buzz Aldrin, quien bajó de la cápsula detrás de él, fue el primero en hacer pipí sobre ella, y hasta la fecha se siente orgulloso por eso.
Nace el cine de lo evolucionado y lo desconocido
El cine y las películas de ciencia ficción nacieron en Francia casi simultáneamente. En 1902, Georges Méliès escribió y dirigió la primera producción de ciencia ficción, Un viaje a la Luna (Le Voyage dans la lune), cortometraje mudo de 14 minutos de duración, inspirado en la novela de Julio Verne, De la Tierra a la Luna. En aquél, seis astrónomos construyen una nave en forma de bala y llegan a nuestro
satélite, para encontrarse rodeados de alienígenas, antes de huir y regresar salvos al planeta.
Su éxito fue extraordinario y los efectos especiales resultaron, literalmente, algo fuera de este mundo para el público. Así, en septiembre de 1902 cobró vida en las pantallas la ciencia ficción, hasta ser ahora uno de los géneros más espectaculares y populares de la cinematografía universal. A lo largo de los siguientes 107 años, el cine Sci-Fi ha entretenido a generaciones completas, expandiendo también
la imaginación de millones de espectadores.
La primera invasión marciana
Basada en la novela clásica de H.G. Wells (1898), acerca de una invasión extraterrestre, el 30 de octubre de 1938, Orson Welles dirigió y narró por radio La guerra de los mundos (The War of the Worlds) tan realistamente que la transmisión provocó pánico masivo entre el público, que salió llorando a las calles buscando auxilio. ¿El resultado? Un inmenso interés por el tema y la proyección de Welles a la fama. La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953) fue la primera adaptación para cine de la misma novela. Los marcianos nos invaden y matan con armas nunca vistas que vaporizan al enemigo. Nuevamente, en 2005, Steven Spielberg retoma la novela para traer a la Tierra grandes trípodes del planeta rojo que avanzan por las principales ciudades en son de devastación masiva.
Pero mucho antes, cuando Steven Spielberg tenía sólo tres años de edad, en 1950, se estrenó Destination Moon (Irving Pitchel, 1950), la primera gran producción cinematográfica de ciencia ficción de Hollywood. Su trama, acerca del primer viaje del hombre a la Luna, llevó el tema del terreno de la fantasía al de lo creíble y lo realizable. Resultó ser la antesala de los vuelos espaciales reales, ya que, once años después de su estreno, el hombre saldría de la atmósfera y posteriormente pisaría nuestro satélite.
...O al revés. Primero la misión y después la película: tras una explosión en el módulo de servicio, los tripulantes del Apolo 13 (1970) se ven obligados a abortar el viaje e iniciar el turbulento regreso a la Tierra. Entre grandes dificultades volvieron ilesos de la misión recordada como el "fracaso más exitoso" de la era espacial y donde se pronunció la icónica frase "Houston: we have a problem". 25 años después, Tom Hanks, Bill Paxton y Kevin Bacon personificaron a los astronautas que en el espacio luchaban para que la peligrosa aventura no terminara en desastre. Apolo 13 (Ron Howard, 1995)
muestra el complicado trabajo en equipo, la serenidad y el ingenio de los cosmonautas al enfrentar una catástrofe sin precedentes. Y de regalo, el capitán del portaaviones que recibe a los actores es ni más ni menos Jim Lovell, comandante del Apolo 13 original.
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