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"No nos damos tiempo para nosotros mismos, no nos damos cuenta del ritmo de vida que llevamos; hay muchas necesidades, en cuanto a las mujeres de ser profesionistas, mamás, amigas, esposas y querer estar bien con nosotras mismas, los tiempos nos llevan a una presión constante. Son una serie de requerimientos que la vida nos exige", expresa Silvia Navarro sobre el retrato que hace Labios rojos de la absorbente realidad.
"Los hombres siempre tenemos que ser proveedores, protectores", agrega Jorge Salinas.
Labios rojos, más allá del problema de erección, el tópico explícito de la película, difunde una idea, muy cercana, sobre cómo es la vida en una orbe como la ciudad de México, arroja un par de signos alarmantes.
El personaje de Salinas es un hombre inmerso en una serie de calamidades que aparte de no lograr una erección suma un jefe intimidante -representado de forma grandiosa por Fernando Luján-, el tráfico de todos los días, las pésimas noticias de la radio y le televisión, la presión de su amigo por ligarse a otras mujeres, una carga de trabajo inacabable, una relación amorosa y de familia y la repetición diaria de todo lo anterior. ¿Suena conocido todo esto?
La premisa de la película es que la presión y la monotonía llevan al descuido sexual que detrás de la manifestación de no mantener una erección, esconde un olvido y un aislamiento.
"¿Por qué no puedes decir como hombre, 'no tengo ganas'? Pero no, no debes causar un orgasmo sino cinco. Este problema es de la misma familia, las mujeres crían a los machos. A mí mi padre me dijo cuando era niño 'te encargo a tu mamá', luego de que se separaron.
"¿Por qué le dejas una responsabilidad así a un niño?", dice Salinas, que visiblemente molesto de recordar dicha historia expresa: "a eso respondo ahora: 'chinga tu madre, ¿cómo me echas una responsabilidad que es tuya?, ni tuya, es de ella misma'", dice el actor.
"Creo que esta película también trata de revalorar lo que se tiene, de cuidar ¡lo que se tiene!", dice Navarro y mira la entrepierna de Salinas. Y es que Labios rojos ofrece, por momentos, una fragmentación de la figura masculina.
"Yo me parezco a Blanca en ciertas cosas, tengo la misma necesidad de sentirse amada, protegida, cuidada; ella es casada, es un ama de casa que cuida a su familia, quiere que ellos estén bien, para mí, Silvia, sí me parece que eso es lo más importante, lo que más hay que cuidar; sin embargo, creo que vivimos dos realidades distintas en ese sentido.
A cuatro años de distancia de haber hecho la película, me están cayendo veintes, ahora que la veo entiendo que pequeños malos entendidos provocan grandes separaciones y a mí me gustaría poner en práctica la comunicación para decirle al otro lo que siento, lo que pienso, sin lastimar ni herir, aunque es muy complicado", finalizó la actriz.
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