Foto: Cortesía
El Festival de Cannes, en su número 65, traía propuestas muy lejanas a la alegría o a la comedia, se hablaban de nombres muy celebrados como los posibles ganadores, pero fue precisamente el director Michael Haneke quien se levanta como el gran vencedor.
Con su película Amour, Haneke demostró ser una verdadera "autoridad retratando psicopatías e infiernos íntimos en ambientes presuntamente civilizados", menciona el periódico El País.
Amour se lleva a casa la codiciada Palma de Oro, con una historia que narra lo que viven diversos personajes, diferentes en condiciones de vida, pero similares en sentimientos y pensamientos.
Haneke presenta a un matrimonio anciano que podría estar muy de acuerdo con su vida, pero que tendrán que lidiar con una enfermedad típica de la edad, con monstruos habituales para el director como alucinaciones, desesperanzas y dolor.
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