La reacción de Keira Knightley no fue precisamente la que uno espera de una dama cuando se enteró del enfoque con que el director Joe Wright tenía previsto encarar Anna Karenina, la más reciente colaboración entre ambos en un drama de época.
Para un público que se aburre con los dramas de época, tanto Orgullo y prejuicio como Expiación, dedeo y pecado ?las anteriores colaboraciones de Keira con Wright- resultaron películas ágiles y entretenidas. Pero Anna Karenina, la acción transcurre principalmente en un teatro desvencijado donde los actores realizan un ballet estilizado sin los grandes escenarios y las escenas espectaculares que espera el público.
"Lo primero que dije fue, has tomado la historia y la has vuelto patas arriba, la has transformado en algo posiblemente anticomercial, una especie de película experimental...", dijo Knightley.
La realidad se vuelve fantasía desde la primera escena, cuando un barbero se acerca a Oblonsky, el hermano de Anna (Matthew Macfadyen), como un matador que se apresta a lidiar un toro y lo rasura con tres pinceladas veloces de la navaja. Se apartan las paredes, se alzan muebles, los empleados de una oficina se convierten en camareros en un restaurante: Wright prescinde de las transiciones realistas al elaborar un filme en movimiento perpetuo.
"Para mí, las historias mismas son profundas y relevantes", dijo Wright. "El problema es que la forma de relatarlas se ha vuelto acartonada, anticuada". Pero agrega que "si bien está ambientada en el siglo XIX, eso no significa que deba parecer filmada en el siglo XIX".
Anna Karenina se estrena en México el 1 de febrero de 2013.
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