Foto: Cortesía
Cuando una película tiene un estilo visual más elaborado que su discurso estamos frente a un producto que busca deslumbrar más que proponer y ahondar en cuestiones de verdad importantes.
"La fotografía en el cine es verdaderamente bella cuando el espectador se da cuenta después de que ha sentido la piel de los rostros, cuando ha percibido la hora en que se desarrollaba la acción, cuando se ha sensibilizado, conforme la película avanzaba, de la transformación de la atmósfera. Una buena fotografía ayuda a comprender mejor la película", dijo el director francés Claude Chabrol.
La sentencia de Chabrol refiere la importancia de las ideas de las cuales surge la imagen del film; no se trata de impresionar o hacer un film bello en el sentido estricto (puestas de sol, colores encendidos).
Un caso de reciente aparición es el de Oz, el poderoso, film de Sam Raimi con James Franco y Michelle Williams, que la crítica reprocha como aparatosamente deslumbrante, aunque con ideas vagas, sin definición clara.
Ha sido más alabado su inicio en blanco y negro que las secuencias que muestran la tierra de Oz; el precedente del film, El mago de Oz (1939), contaba con la saturación de Technicolor para contrarrestar la amargura de la historia, la falsedad de la felicidad y las personas
Muchos cineastas tienen serios problemas con el estilo visual vacío, más que vestir el punto de vista que tienen sobre la naturaleza femenina, la muerte o el crecimiento, por mencionar algo, sólo quieren llamar la atención o hacer films "distintos". Veamos.
Las películas de Pedro Almodóvar y Tim Burton, en algún momento directores relevantes, se apoyan en un sentido estético decididamente llamativo, pero sus argumentos son, conforme han avanzado sus filmografías, débiles y poco importantes.
Almodóvar, cuya última película, Los amantes pasajeros, ha sido severamente criticada en España, insiste en vestir todo de colores encendidos, al parecer su marca, pero, ¿qué dice de sus argumentos? Sus conflictos con la identidad, alguna vez bien planteados, se pierden en un festín donde el vestuario y los actores terminan por ser más importantes que la historia.
Burton, por otro lado, insiste en hacer films distintos, en tiempos donde lo "freak" se tornó un lugar común; la inquietante idea de la madurez y la realidad de Alicia en el país de las maravillas quedó borrada con la extravagancia visual; su punto de vista sobre la muerte y la amistad en Frankenweenie es aplastado en un excesivo estilismo que roba la atención al espectador.
David Fincher (La red social, Zodiaco), Christopher Nolan (El origen, El caballero de la noche asciende) y David Cronenberg (Una historia violenta, Cosmópolis), entre otros, anteponen su visión del mundo al estilo visual, por ello sus películas resultan inquietantes y complejas, se quedan en la mente y el recuerdo del espectador.
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