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Foto: AP
'Quisiera ser milonario', la más reciente película de Danny Boyle ('Trainspotting: la vida en el abismo', 'La playa', 'Exterminio'), tiene todos los elementos del cine popular indio: humor, drama, romance, música y heroísmo. Pero también posee una enorme carga de realismo que la aleja por completo de las producciones de Bollywood y la acerca al cine social, en este caso al realismo social británico.
"Ni es Bollywood ni es realismo británico", comenta el versátil Danny Boyle en exclusiva. "Es una película sobre Mumbai (Bombay), sobre la esencia de la ciudad y su gente." Sea una pinta de cerveza o un elaborado pollo al curry, lo cierto es que 'Quisiera ser millonario' ha ganado varios premios en festivales internacionales y la nada menos que 8 Oscares.
La película cuenta la estoica vida de Jamal Malik, un joven venido del estrato social más bajo en Mumbai que gana 20 millones de rupias en la version india del programa Who Wants to Be a Millionaire?
¿Cómo es posible que Jamal, un iletrado chavo de la calle, responda correctamente a preguntas que ni los participantes más eruditos han contestado? Danny Boyle nos lo explica mediante flashbacks en cada pregunta y de paso nos revela una poderosa historia de amor y hermandad. Apenas iniciado el 2009, Danny Boyle conversó vía telefónica con Cinemanía.
¿Cómo fue la experiencia de filmar en Mumbai?
Es una ciudad extraordinaria. No conozco la Ciudad de México, ni Río de Janeiro, Sao Paulo o Buenos Aires, pero te puedo decir que estar en Mumbai es como regresar a la Nueva York de los ochenta, donde la identidad de la ciudad es tan fuerte que te toma por el cuello. Mumbai siempre ha sido un lugar extraordinario, pero particularmente ahora se encuentra en un acelerado proceso de desarrollo; sabes, la economía de la India saldrá bien librada de la actual recesión económica por la fortaleza de su mercado interno. Así que Mumbai es una ciudad próspera y con una vitalidad increíble, y eso la hace un gran lugar para filmar, es decir, sales a la calle y sientes que la vida se te viene encima. Mumbai es una ciudad viva en todos los sentidos. Entonces, debido a esta enorme vitalidad, no puedes filmar de manera convencional, ya sabes, delimitando una zona, restringiendo accesos, cuidando al máximo la continuidad y ese tipo de cosas. No, en Mumbai no puedes trabajar así; tienes que ingeniártelas para trabajar de otro modo, porque si no lo haces vas a perder mucho tiempo y muchísimo dinero. Además, sería una manera de ocultar o negar la esencia de una ciudad tan maravillosa, porque la verdadera esencia de la ciudad no está en la arquitectura o en los monumentos sino en su gente. Y esa marea interminable de personas que día a día se mueven por las calles es lo que más llamó mi atención. Desde los barrios más pobres hasta las zonas más prósperas están repletas de gente que está trabajando, haciendo negocios, moviéndose de un lugar a otro. La energía de Mumbai no tiene límites. Lo que hicimos fue tratar de adentrarnos en esta gran corriente de energía con la esperanza de captar la esencia de Mumbai en la película. Fue una experiencia liberadora.
¿Cómo pudieron trabajar así en una ciudad tan densamente poblada?
Eso es interesante. Sabíamos que si utilizábamos equipo convencional de cine, es decir, cámaras de 35mm, rieles, grúas, luces, etc., la gente iba a pensar que ahí estaba una estrella de Bollywood y en cuestión de minutos hubieran llegado miles de personas. Así que decidimos trabajar con pequeñas cámaras digitales para no llamar tanto la atención. Y funcionó. Supongo que la gente pensó que estábamos haciendo un documental o un video, porque éramos un equipo reducido de personas grabando con cámaras digitales. Lo más importante fue que llegué de Europa con un crew muy pequeño. La mayoría de los que trabajaron en la película eran locales; eso nos ayudó mucho porque nadie conoce mejor la ciudad que sus propios habitantes. Trabajamos con gente real, con niños de la calle que nunca antes habían actuado pero que resultaron excelentes. Lo que pierdes al no usar equipo convencional lo ganas en términos de realismo, y para mí eso era lo más importante.
La India es un paraíso para los cinefotógrafos ¿Desde el principio tenían planeado usar cámaras digitales?
Ya había trabajado con equipo digital antes. Lo usé en Extrerminio y en un par de trabajos para televisión. Tengo cierta inclinación hacia lo digital, pero siempre dejo que la historia me indique cómo debe ser contada y qué equipo debo utilizar para contarla. En este caso, el realismo de la historia me llevó al equipo digital. Sin embargo, cuando el fotógrafo Anthony Dod Mantle llegó a la India, estaba desesperado por filmar con cámaras de 35mm. Lo dejé hacer algunas pruebas y no me gusto nada el resultado. Así que le dije: "lo siento, vas a tener que trabajar con cámaras digitales". Los cinefotógrafos están hechizados por la belleza visual de la India. La arquitectura, los colores, la luz, los atardeceres. Todo eso les fascina. Pero yo no quería registrar nada de eso, es más, me parecen clichés. Para mí lo más importante es la historia y ésta requería de ese equipo pequeño, flexible, ligero y dinámico, uno capaz de moverse entre callejuelas y de entrar a barrios y zonas marginales sin provocar tanto alboroto. Con estas cámaras de mano pudimos entrar a los barrios más pobres y establecer contacto directo con la gente. Eso nunca lo hubiéramos logrado con equipo pesado, sabes, así que definitivamente trabajar con equipo digital fue lo mejor para esta película.
Lee el resto de la entrevista con el ganador del Oscar, Danny Boyle, en el número de febrero de Cinemanía. Suscríbete al 54886299 y del interior al 01800 849997 o da cilc aquí.
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