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Desde antes del 11 de septiembre, ametrallar una escuela, matar dominicanos, musulmanes, homosexuales, aficionados del equipo contrario, judíos, mexicanos indocumentados, militantes de un partido opositor, indígenas, ecologistas, irakíes o palestinos, mujeres, maestros en huelga, reporteros, 'aliens' invasores que amenazan a los terrícolas tribus enteras o porteros que se dejan anotar un gol, ya forma parte de un deporte mundial en pleno crecimiento.
Desde el 11 de septiembre, tener derecho a torturarlos o intervenir sus teléfonos ya son hechos legales dentro de esa realidad y de ese imaginario mundial un minero con dolor de muelas imagina.
Imagina que va al dentista, imagina que vive una historia de amor, imagina que desahoga su rabia e imagina que puede dar sentido a su propia muerte, pero el dentista no resuelve su problema, el amor no lo puede todo, su rabia no encuentra cauce y su propia muerte no resuelve nada.
La imaginación no es suficiente, la violencia no es suficiente y la muerte no es suficiente. Otros matan por neurosis, por fanatismo, por impotencia, por ideología, por poder, por avaricia, por un salario, por sistema o por despecho.
¿Dónde empieza la masacre? Cobrador no pretende tener la respuesta, Cobrador busca plantear el problema, Cobrador no es una película violenta, sino una película sobre la violencia que no plantea descubrir quién mató, sino por qué se mata. no proponiendo la violencia sino tratando de entenderla. No despreciando la inteligencia del espectador sino convocándola, no persiguiendo el aplauso sino la polémica.
Título original: Cobrador In God We Trust
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