
Los Simuladores se las arreglan para crear una plaga de roedores en la fábrica y convencen al contador de que deben cerrarla por 5 días, tiempo suficiente para que Prin consiga el dinero que ha robado.
La simulación involuntaria
Bruno Mejía, un corrupto ex director de adquisiciones de educación preescolar de la SEP, se encuentra preso en una cárcel de máxima seguridad, éste amenaza a Almonte, su viejo socio: si no lo saca en una semana de prisión lo delatará para que le haga compañía.
Almonte pide ayuda a Los Simuladores para que saquen a Mejía del lugar, pero Santos se niega a aceptar el caso, pues Mejía es culpable de lo que se le acusa. Almonte no acepta la negativa y secuestra a Santos; si Vargas, Medina y López quieren de vuelta a su amigo, tendrán que aceptar el caso.
Los Simuladores se hacen pasar por funcionarios del gobierno encargados de proteger a testigos, según ellos Mejía tiene información vital acerca del narcotráfico, por lo que deben cambiarle la identidad por medio de una cirugía plástica. Para conseguirlo necesitan un cadáver para intercambiarle el rostro. Los simuladores drogan a Felix Zuloaga, el jefe de celadores del lugar y hacen creer a Roberto Gregorio, director del penal, que está muerto y lo utilizarán para intercambiar su cara por la de Mejia. De esta forma y tras la supuesta operación, liberan a Mejía, simulando que es Zuloaga muerto.
La Simulación
Bruno Mejía y Almonte arriban al avión que los llevará a un país lejano con los pasaportes falsos que Los Simuladores les consiguieron.
Los Simuladores se las arreglan para que un infiltrado le agregue una sustancia a su bebida que hará dormir al par de bribones. Mientras tanto Zapata aprovecha para intercambiar los pasaportes y que el despertar de Mejía y Almonte no sea nada placentero.
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