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Sagitario y Piscis

En cuanto a compatibilidad sexual, estos dos signos no suelen lograr relaciones sexuales intensas, les cuesta trabajo erotizarse y congeniar en la cama debido a sus distanciamientos frecuentes, que les impiden tener armonía en el sexo.
En la compatibilidad en el amor se complementan en algunas cosas. A Sagitario le atrae el caos del adorable y sentimental Piscis, mientras que a éste le fascina la pasión de Sagitario por sus ideas. A Sagitario le gusta probar sus conocimientos y a Piscis le gusta aceptarlos.
Sin embargo estos dos signos tienen poco que ofrecerse mutuamente, pues son bastante enfrentados en muchas cuestiones y tienen formas de concebir la vida muy diferentes. Piscis busca estabilidad y por eso no soporta el carácter volátil de Sagitario. Sagitario suele dudar de todo, nunca está conforme y esto irrita a Piscis. Piscis es extremadamente sensible y Sagitario no le tiene suficiente paciencia.
Ellos no creen en las mismas cosas, poco a poco van apareciendo sus diferencias y con el tiempo es posible que se den cuenta de que no son compatibles. Y como Sagitario es un amante de la independencia y la libertad, de un día para otro suele decir basta y la relación llega a su fin sin una sola palabra.
Sagitario es un signo de fuego, un elemento de energía vital y naturaleza expansiva que tiene influencia directa en quienes lo rodean. Es activo, enérgico, entusiasta y lleno de vida. Es muy independiente pero también egocéntrico y lo demás gira a su alrededor.
Piscis es un signo de agua y gracias a esa fluidez es adaptable, pero también muy variable en su estado de ánimo. Se conecta mejor con lo emocional y no lo puede explicar con palabras, pues para él hay más cosas que lo tangible. Es sensible, intenso y lo dominan sus emociones, pero también es algo pasivo y dependiente de su pareja.
El fuego y el agua son dos elementos que mezclados entre sí no hacen una relación fácil. El agua apaga al fuego y el fuego evapora al agua. Y si uno trata de imponerse al otro, es difícil que la unión termine bien. La dependencia y posesividad del agua choca con la individualidad del fuego.
Agua suele hacerse la víctima y su actitud tibia consume la energía de fuego, quien siente que se ahoga. Fuego es demasiado libre, agua necesita otra cosa de su pareja y esto impide que la relación amorosa se concrete.