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Mujer » Tu Vida
¿Por qué perdonar?
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Tenemos la idea de que el perdón es dejar ir algo malo que nos han hecho, pero en realidad, el perdonar viene de la realización de que nadie me puede hacer daño, sólo yo mismo. A menudo pensamos que el perdón requiere esfuerzo, que tengo que ignorar el dolor que me produjo la persona y perdonarla por encima de eso. Sin embargo la realidad es que el que perdona, gana, ya que el que está perdonando, suelta aquello que lo lastima.
Perdonar: el camino a la liberación
Contrario a lo que creemos el perdón no requiere esfuerzo: lo que requiere esfuerzo es el resentimiento. El resentimiento causa dolor y desencanto, agota, y succiona la fuerza. El problema es que hemos aprendido a perdonar intelectualmente, a convencernos de que hemos perdonado cuando, en realidad, nos sigue doliendo lo sucedido. Eso no es perdonar, eso es fingir. El primer paso para poder perdonar verdaderamente, es reconocer que no hemos perdonado, que aún sentimos dolor y resentimiento.
Permítete sentir el dolor. Esto en sí es un acto de amor: estás permitiéndote ser, en lugar de tratar de ser la persona "ideal" que piensas que deberías ser. Cuando te das el permiso de sentir el dolor, tal vez surja enojo, o llanto, en ambos casos, permítete sentirlo. Así como las aguas de un rio estancado se pudren y se transforman en pantano, si no dejamos fluir nuestras emociones, se transforman en rencor y malestar.
Somos seres humanos. Sentimos. Las cosas nos duelen. Permítete ser humano y encontrarás algo hermoso del otro lado.
Aprende de los niños
¿Has visto alguna vez a un niño jugando con su amiguito? Si el amigo le quita el juguete, ¿que hace? Piensa: ¿lo tendría que perdonar... ? No, no piensa eso. El niño se enoja, tiene una pataleta, llora... ¿y cuál es el resultado? A los cinco minutos olvidó lo sucedido y nuevamente está jugando con su amigo. Nosotros, en cambio, como adultos, no nos permitimos sentir, y como resultado, cuando alguien nos lastima, nos alejamos de él y en muchos casos ni lo volvemos a ver. Como no nos permitimos sentir, no podemos soltar, y entonces no podemos ver a la otra persona con frescura, abiertos a un nuevo momento.
De modo que el primer paso para poder perdonar, es sentir. Cuando me permito sentir, puedo soltar. Es como apretar el botón de refresh en la computadora: me permite volver a ver el nuevo día, sin quedarme atascado en el pasado.
Es así como podemos perdonar lo que ya pasó, pues ya no nos causa dolor. La ironía es que, cuando me permito sentir, me doy cuenta de algo: que era yo misma la que me estaba haciendo daño, ya que era yo misma la que seguía aferrada al pasado. Entonces nos damos cuenta de la gran verdad que lleva al verdadero perdón: que no había nada que perdonar.
Es hora de que tomemos responsabilidad por nuestra propia felicidad en cada momento, ya que sólo tú decides en qué quieres enfocarte, en qué quieres pensar. Enfoquémonos en el momento presente, que es donde la vida realmente ocurre. Enfoquémonos en el amor.
¿Te cuesta trabajo perdonar a los demás?