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NUEVA YORK, Estados Unidos, sep. 11, 2008.- Nueva York conmemora el séptimo aniversario de los ataques terroristas al World Trade Center bajo cielos despejados y en una Zona Cero que ya no es un cráter, sino un terreno donde se asoman los cimientos de las nuevas estructuras; entre ellas, la de la imponente Torre de la Libertad que alcanzará 541 metros de altura cuando se estrene en el 2011, para el décimo aniversario.
Igualmente para entonces quedará terminado un museo que albergará reliquias y reconstruirá la historia y dos monumentos que servirán de tumba y memorial para los caídos, ocupando los dos espacios cuadrados donde estaban las Torres Gemelas. En sus muros se inscribirán los nombres de las 2,751 victimas que aquella mañana soleada desaparecieron, la mayoría sin rastro. Sólo quedan sus nombres y apellidos, los que por séptimo año se leerán una vez más en voz alta en solemne y austera ceremonia por 210 personas. En esta ocasión familiares de los fallecidos y estudiantes representando los distintos países de donde venían sus seres queridos.
A diferencia de años anteriores esta conmemoración es de menor perfil y ocurre en una plaza aledaña al perímetro de la zona cero.
Sin embargo no aplaca el río de sentimiento que se ensancha cada septiembre desde entonces en esta isla de Manhattan con afluentes aún muy caudalosos de trauma, recuerdos y emociones. Vuelven las gaitas con su lamento, las percusiones de tambores fúnebres, el adiós en unísono de las campanas de las iglesias, las flores, las veladoras, las lágrimas, los abrazos y el silencio.
El gran silencio que enlaza con momentos prolongados y en casos incómodos las cuatro pautas del programa. La primera a las 8:46 AM cuando el primer avión se impactó contra la Torre Norte. La segunda a las 9:03 AM cuando el otro avión impactó la Torre Sur. La tercera a las 9:59AM cuando se desplomo la Torre Sur y la cuarta a las 10:20AM cuando cayó la Torre Norte.
Por la noche dos columnas de luz iluminarán los cielos de este distrito financiero en Nueva York a modo y manera de tributo de luz que durará hasta el amanecer.
Los actores políticos del momento: Barack Obama y John McCain aprovechan la coyuntura y tan magnifico escenario para tomarse la foto, hilvanar discursos sentimentales y aquilatar votos, alianzas y simpatías en un ano electoral sin precedentes.
Nada disipa sin embargo para los dolientes y millones de personas que testimoniaron directa e indirectamente la afrenta al WTC el peso de la pérdida. Pérdida de vida, del paisaje, de la inocencia, de la confianza y de numerosas libertades civiles. Libertades civiles canjeadas bajo la política del miedo del gobierno de George W Bush por la divisa de la seguridad.
Seguridad sobrecogedora que aprisiona porque se ha infiltrado en todo y en lo más íntimo y que le cuesta al gobierno y por extensión a los ciudadanos miles de millones de dólares para mantenerla e implementarla. Seguridad que sirvió de estandarte para invadir Irak y provocar una guerra que a cinco años de su inicio no encuentra razón, victoria, ni final y si miles y miles de muertos, heridos, tullidos y enormes déficit.
¿Es el mundo de hoy más seguro que el de antes del 11-S del 2001? ¿Somos más libres que entonces? La guerra contra el terrorismo ha mejorado o empeorado la imagen de EEUU en casa y en el extranjero? ¿Acaso ha impulsado su economía y las muchas más de otros países que dependen de ella? ¿Dónde está Osama Bin Laden, el enemigo número uno de la nación más poderosa del planeta y el supuesto autor de dichos ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001?
A siete años del capítulo más negro de la historia de EU y bajo un mismo cielo despejado las respuestas, como cantaría Bob Dylan: soplan en el viento.
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