Los investigadores examinaron durante tres años, de 2006 a 2009, la prevalencia de la obesidad entre 980 mil niños de cinco a 12 años de edad que asistían a escuelas elementales desde el jardín de niños hasta el sexto grado.
El análisis "Disparidades de la obesidad entre los niños en edad escolar", se publicó en la revisa Pediatrics y fue encabezado por Lisa Bailey-Davis, de la Universidad de Pennsylvania.
La especialista indicó la necesidad de implementar intervenciones médicas preventivas para ayudar a los menores de zonas rurales con el sobrepeso.
Se evaluaron las asociaciones a través del tiempo y en relación con la densidad de población, límites geográficos, y un índice de sufrimiento familiar calculado, con énfasis en el estado civil de los padres, empleo, nivel de ingreso y educativo.
Durante los tres años de investigación la obesidad se mantuvo estable en el 17.6% de los niños en edad escolar, y los resultados mostraron que en particular en las escuelas de las zonas más rurales había una adaptación a la misma superior en 2% respecto a los planteles urbanos.
La Academia Estadunidense de Pediatría difundió también el estudio "Peso corporal esperado en adolescentes", coordinado por Neville H. Golden, de la Universidad de Stanford, California, y que se desarrolló entre 12 mil 47 jóvenes de 12 a 19 años.
El ensayo confirmó que los dos métodos usuales de peso por estatura y el Índice de Masa Corporal (IMC) no son equivalentes para la determinación del peso corporal en adolescentes con trastornos de alimentación, por lo que se requiere de otros modelos.
En tanto, en un seguimiento clínico de niños con obesidad severa, dirigido por Alka K. Gulati, de la Universidad de Colorado, se confirmó que las tablas de crecimiento de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades son incapaces de definir con precisión el Índice de Masa Corporal de los menores.
Los investigadores probaron nuevos gráficos de crecimiento que permiten a los médicos controlar y visualizar en un 95% los valores del IMC en niños con obesidad severa.
Tienen el potencial de permitir definir los subgrupos, monitorear las tendencias en los niños obesos, y medir el éxito o fracaso del tratamiento, los cuáles aún se encuentran a prueba.
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