El cerebro es un órgano muy delicado y aunque está fuertemente protegido por los huesos del cráneo, un golpe o sacudida fuertes en la cabeza o un golpe en el cuello pueden lesionarlo e interrumpir sus funciones normales, llegando en ocasiones a causar problemas severos.
Este tipo de lesiones, que por lo general no son mortales, reciben el nombre de concusión, trauma cerebral, lesión cerebral leve, conmoción cerebral o lesión cerrada y sus efectos dependerán de la parte lastimada, el tipo de golpe y lesión originada.
La lesión puede ocasionar tirones en las células cerebrales sin provocar ningún daño estructural obvio, sin embargo el cerebro no funciona adecuadamente por un rato.
Puede ser causado por cualquier movimiento o golpe que haga que el cerebro rebote, como una sacudida fuerte en la cabeza o el detenerse súbitamente, además por supuesto de algún golpe que puede ser: choque vehícular, caída de bicicleta, patines, patinetas, atropellamiento, por violencia física, abuso infantil o maltrado o por lesiones con arma de fuego o caídas.
Los efectos o síntomas de estas lesiones pueden aparecer de inmediato o tardar hasta días y semanas en aparecer, lo que hace difícil muchas veces poder tener un diagnóstico oportuno, por ello se recomienda que ante un evento así, se acuda de inmediato al servicio médico para descartar cualquier complicación o daño mayor.
Después de una lesión cerebral, algunas personas pueden verse y sentirse muy bien, otras pueden sentirse aturdidas, confundidas, mareadas o pueden llegar a perder el conocimiento o desmayarse, pero en todos los casos se debe atender médicamente de inmediato para evitar complicaciones graves como puede ser la formación de coágulos en el cerebro.
Entre las señales de alarma que pueden presentarse después de la lesión, están:
- Fuertes dolores de cabeza que van empeorando.
- Debilidad muscular y falta de coordinación.
- Entumecimiento de alguna parte del cuerpo.
- Sueño, del que no se pueda despertar.
- Aumento de tamaño en la pupila (parte negra del ojo.
- Convulsiones o ataques.
- Dificultad para hablar o para ver.
- Confusión, ansiedad, miedo, intranquilidad o agitación.
- Náuseas y vómitos.
En el caso de los niños, además de lo anterior también son señales de alarma: el llorar sin poder calmarlo, el que deje de lactar o comer.
Por lo general, las personas mayores o que tienen historia con lesión cerebral pasada se recuperan más lentamente.
IMPORTANTE: El contenido de esta nota es informativo y no suple el diagnóstico médico, por lo que no nos hacemos responsables sobre su uso.
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