Una nueva clase de adicciones y adictos surgió a finales del siglo pasado con una característica especial, su dependencia no es a drogas sintéticas, al alcohol, al tabaco o a otras sustancias sino a actividades y comportamientos cotidianos que convierten en verdaderas adicciones que les impiden llevar una vida normal, tranquila, variada y satisfactoria.
La adicción –en términos médicos- es la dependencia psicofisiológica habitual a una sustancia o práctica, que escapa del control de la voluntad.
Y si bien entre las sustancias consideradas peligrosas por su capacidad adictiva están el alcohol, la cocaína, las drogas sintéticas, el tabaco y otras, adicciones como el juego, las nuevas tecnologías, las relaciones sexuales, el trabajo excesivo, el fanatismo religioso, las compras, el coleccionismo, el ejercicio físico y la comida son algunas de las actividades o conductas adictivas que están poniendo en riesgo la salud integral de la persona que la padece y de los que los rodean.
Las drogas que alteran el humor –y las sensaciones- actúan en el cerebro y pueden causar dependencia psicológica o física o las dos y esto es muy difícil de superar, porque es el deseo de recurrir a una droga por placer, para reducir la tensión nerviosa o para evitar un malestar.
Los efectos, manifestaciones y conductas generadas por los consumidores de drogas, influyen negativamente en su trabajo, sus estudios y sus relaciones amistosas y familiares y el obtener la droga se convierte en el motivo principal de su existencia, sin importar el medio o forma para lograrlo.
La dependencia física no siempre va acompañada de la psicológica. El organismo se adapta a drogas que causan dependencia física cuando se emplean de modo constante y que llevan a la tolerancia, que es la necesidad de aumentar, de modo progresivo, la dosis de una sustancia para reproducir el efecto alcanzado con dosis menores y al síndrome de abstinencia cuando se deja de consumirlas o cuando sus efectos son bloqueados por un antagonista o sustancia que impide que la droga tenga el mismo efecto. Una persona con síndrome de abstinencia se siente enferma y tiene dolores de cabeza, diarrea o temblores. La abstinencia no controlada y en grados extremos de adicción, puede llevar incluso a la muerte.
Sin embargo, con las nuevas adicciones, los adictos no consumen drogas y no es la actividad misma la que genera la dependencia, sino la relación que cada persona establece con ella.
Una diferencia fundamental entre adicción psicológica y una adicción química es que la primera no acarrea consecuencias físicas de la segunda. Pero aun así, según el tipo de adicción, puede llegar a generar problemas físicos y mentales muy graves.
Las adicciones al trabajo, la pareja, el ejercicio, lo juegos de video y las nuevas tecnologías son, entre otros, ejemplos de que las adicciones responden además a factores sociales y culturales que tornan vulnerable a la persona. Entre éstos destacan la soledad, la inseguridad, los problemas sentimentales, el aburrimiento y el fracaso escolar y laboral entre otros.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), los estilos de vida influyen en los trastornos afectivos y éstos a su vez “preparan el terreno” a ciertas adicciones y enfermedades. Son notables las adicciones al trabajo o a las tecnologías en ambientes urbanos, como las ciudades de Nueva York, Buenos Aires, Bogotá, Santiago, México, Caracas o Monterrey.
Según datos de la Secretaría de Salud del gobierno mexicano, en la ciudad de México, el 9% de la población de entre 18 y 65 años padece trastornos afectivos; el 8.3% de la población experimenta trastornos de ansiedad; el 3.8 % sufre agorafobia (miedo a los espacios abiertos) sin pánico; y el 2.2%, fobia social. Los índices son menores entre la población rural.
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