También conocida como Osteítis deformante, es un padecimiento crónico que afecta el metabolismo óseo.
Se caracteriza por una degeneración de una o más regiones óseas del esqueleto, debida a una pérdida rápida de reabsorción de calcio y de otros minerales, lo que ocasiona que la médula ósea se sustituya por un tejido fibroso y por abundantes vasos sanguíneos, en muchos casos de crecimiento tan rápido que resulta caótico para el funcionamiento de todo el organismo.
Con esta enfermedad, los huesos presentan una estructura anormal, son menos compactos y contienen más vasos sanguíneos, lo que con paso del tiempo, provoca que los huesos afectados se alarguen, agranden, deformen y debiliten hasta quebrarse fácilmente por la fragilidad que alcanzan.
Como resultado de esta degeneración, los enfermos padecen fuertes dolores óseos, artrosis, deformidades importantes y fracturas óseas.
Se desconoce el origen de esta enfermedad, aunque hay evidencia de alguna predisposición genética, que en muchas personas puede existir durante varios años sin producir síntomas evidentes hasta que “probablemente” algún virus, entre los que se han identificado al del tipo sincicial respiratorio, causante de varias enfermedades respiratorias como la bronquitis, pulmonía o el sarampión, desencadena la enfermedad.
Se presenta en más o menos el 3% de personas mayores de 40 años y con mayor incidencia en adultos mayores de ambos sexos y en personas de raza blanca.
Los huesos más afectados son: la pelvis, la tibia, en el sitio de la espinilla, el fémur, que es el hueso de la pierna y el más largo del cuerpo, las vértebras, las clavículas, el húmero que es el hueso del brazo y los huesos del cráneo.
IMPORTANTE: El contenido de esta nota es informativo y no suple el diagnóstico médico, por lo que no nos hacemos responsables sobre su uso.
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