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La hemofilia es una enfermedad genética y hereditaria que afecta la coagulación de la sangre y por lo mismo la persona que la padece tiende a tener sangrados abundantes y continuos aunque las lesiones o moretones que tenga sean muy leves.
La hemofilia es una enfermedad relacionada con el cromosoma X, de la madre que es portadora del gen defectuoso, pero que no llega a padecer la enfermedad, ya que ésta la desarrolla solamente los hombres. En caso de que un hombre la padezca, hereda solamente el gen a sus hijas mujeres, pero ellas solamente serán portadoras y transmisoras, pero no desarrollarán la enfermedad. El gen de la hemofilia no se transmite de padre a hijo y los casos de hemofilia en mujeres son muy raros. A veces esta enfermedad no se hereda, se desarrolla de forma espontánea.
Normalmente cuando un vaso capilar se rompe se contrae para disminuir la hemorragia y las plaquetas forman un tapón, El plasma que contiene diversos factores cuyos nombres son números romanos, ayudan a la formación del coágulo y detienen la hemorragia.
Pero, cuando faltan los factores VIII y IX no se puede coagular y se presenta la enfermedad. Este problema se debe a que en la sangre hay doce factores coagulantes muy importantes. Estos trabajan en equipo y deben estar juntos, si alguno de ellos no funciona bien o no existe, el resto de los coagulantes no pueden formar un coágulo que permita inhibir o detener el sangrado.
En la hemofilia, el factor VIII o el IX, que son una proteína que entra en acción cuando se dañan las paredes de los vasos sanguíneos, suelen fallar o trabajan en poca cantidad, lo que desequilibra al resto de los factores.
Hay dos clases de hemofilia y de ellas depende el tratamiento:
El problema está en que el hemofílico no sangra con mayor rapidez que las demás personas, sino que sangra más tiempo del habitual, y como su proceso de coagulación no es el normal, es necesario administrarle cada vez que haya un sangrado el factor carente o deficitario de su coagulación.
Hay dos tipos de hemofilia, dependiendo del lugar que afecten: la articular y la muscular.
En la hemofilia articular, la hemorragia ocurre en las articulaciones, generalmente de rodilla, codo, muñecas o tobillos. Los síntomas son hormigueo, calor, inflamación por el llenado de sangre en la cápsula articular, dolor crónico, debilidad muscular y poco a poco se debilitan los músculos que la rodean haciendo que con el tiempo el cartílago se rompa y el hueso se desgaste.
La hemofilia muscular, es provocada por hemorragias en los músculos, por golpes, inyecciones o sin motivo aparente. El músculo se siente rígido, doloroso y caliente, hay presencia de moretones y si se ejerce presión en los nervios y arterias puede haber un espasmo muscular muy doloroso. Afecta principalmente las pantorrillas, muslos y la parte superior de los brazos, dejando los músculos débiles, cicatrices, encogimiento y falta de protección en las articulaciones, llevando con el tiempo a la parálisis.
IMPORTANTE: El contenido de esta nota es informativo y no suple el diagnóstico médico, por lo que no nos hacemos responsables sobre su uso.
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