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La dermatitis atópica o eccema es una enfermedad frecuente que afecta a 1 de cada 5 niños o niñas menores de 12 años y que si bien, al llegar a la pubertad presentan una gran mejoría, mientras la padecen su calidad de vida se deteriora mucho.
Su origen es principalmente genético y hereditario, por lo que está fuertemente relacionado con antecedentes de enfermedades alérgicas personales o familiares.
La inflamación es producida por una reacción exagerada del sistema inmunológico de la piel ante factores ambientales y emocionales, que pueden variar desde irritantes - como los químicos - a alergenos - como el polvo – o el estrés. A estos factores se les conoce como desencadenantes.
En niños pequeños, las ronchas aparecen en la cara, cuero cabelludo, extremidades, sobre todo en los pliegues de la piel o en la zona del pañal. En los adultos, las zonas afectadas son el pliegue del codo y de las rodillas, las muñecas, los párpados y el cuello.
Se manifiesta como un proceso inflamatorio crónico en la parte superficial de la piel y se caracteriza por brotes temporáneos de ronchas agrupadas que ocasionan mucha comezón. Entre sus manifestaciones también están la rinitis, conjutivitis y las reacciones alérgicas a ciertos alimentos.
Las primeras manifestaciones aparecen generalmente durante el primer año de vida y los cuadros de aparición tienen que ver con la exposición a ciertos elementos ambientales como el polvo, los aerosoles, los suavizantes para la ropa, la ropa de lana, los cambios bruscos de temperatura o humedad o el estrés.
Sus características especiales son: piel seca, comezón intensa, lesiones rojizas, sobreelevadas y algunas de ellas acompañadas de pequeñas ampollas con contenido líquido que después de unos días y por el rascado o fricción cambian de coloración.
La dermatitis atópica es muy molesta por la comezón de quienes la padecen, pero también por los efectos familiares y sociales que tiene, ya que los niños que la padecen suelen ser aislados por el temor al contagio y no duermen bien.
El tratamiento, está enfocado a prevenir las infecciones, disminuir la comezón, mejorar el sueño y mantener hidratada la piel. En la actualidad existen ya medicamentos no corticoides que alivian la enfermedad sin provocar efectos secundarios.
Para evitar complicaciones, se recomiendan: los baños cortos, no diarios y con agua tibia; secar la piel sin tallarla para no provocar más comezón y aplicar humectantes recomendados por el médico; usar ropa de algodón y el uso de jabones perfumados, talco, cosméticos y otras sustancias identificadas por el enfermo.
IMPORTANTE El contenido de esta nota es informativo y no suple el diagnóstico médico, por lo que no nos hacemos responsables sobre su uso.
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