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La entomóloga del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, Julieta Ramos Elorduy, añadió que aunque son numerosos, algunos insectos desaparecen por la destrucción de su hábitat.
En su extinción también influyen la contaminación por el uso de agroquímicos y la sobreexplotación de las poblaciones debido a su creciente demanda.
Los insectos tienen un alto valor nutricional por su contenido de proteínas, aminoácidos esenciales en grandes cantidades, minerales, vitaminas y grasas de tipo insaturado.
Son fuente de energía para funciones vitales de nuestro organismo y sus propiedades se comparan con las de la carne de origen animal y otros alimentos convencionales, por lo que tienen un papel importante en la nutrición y economía de localidades pequeñas de países en desarrollo.
?La antropoentomofagia, el consumo humano de insectos ha evolucionado a través del tiempo, desde el rechazo de las culturas occidentales, hasta su aceptación y demanda?, puntualizó.
Destacó que comer insectos había sido una práctica local, arraigada desde culturas antiguas, pero ya es una moda internacional, y los insectos hoy se sirven en los más sofisticados platillos.
Tradicionalmente eran recolectados a mano o con la ayuda de instrumentos simples, los pobladores de ciertas localidades conocían bien dónde, cuándo, en qué etapa, sexo o tamaño podían conseguir los insectos para comer.
En la búsqueda, recolección, preparación, venta, consumo y almacenamiento, los métodos tradicionales habían permitido un consumo sustentable que no ponía en riesgo la existencia de las poblaciones de insectos.
Sin embargo, esos métodos han cambiado al uso irracional de ese recurso.
De las especies comestibles en México, casi 95 se comercializan, y algunas a gran escala, pero por la falta de reglamentación para su manejo adecuado, tampoco hay un control de calidad que garantice que podemos consumirlos sin riesgo.
Por ejemplo, quienes se dedican a la recolección muchas veces no toman en cuenta el uso de insecticidas o los cambios en los cultivos, algunos incluso optan por engañar y vender especies similares.
Su precio puede ser casi 15 veces mayor al de la carne de res, pero las ganancias en el mercado no son nada jugosas porque los insectos de mayor demanda, como el gusano blanco de maguey, cada vez son más difíciles de encontrar.
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