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Foto: GETTY IMAGES
Así lo pone de manifiesto una investigación encabezada por el profesor Edward Schuur, de la Universidad de Florida (Estados Unidos), que se ha llevado a cabo en Alaska y cuyas conclusiones publica la prestigiosa revista Nature.
Los autores de este estudio destacan que existen "grandes" cantidades de carbón almacenadas en las profundidades de la Tierra, pero que es "difícil" cuantificar su magnitud real.
Schuur y su equipo han estudiado los cambios que se han ido produciendo en la temperatura de la capa subterránea de hielo (también conocida como permafrost) en Alaska en un punto donde ésta se mide directamente desde 1985.
Los investigadores analizaron el intercambio de carbono neto dentro del ecosistema así como las edades de radiocarbono con el objetivo de determinar la influencia que han tenido en el ecosistema las pérdidas de este gas que se han ido produciendo en años anteriores debido al derretimiento del permafrost.
Tras calcular la trayectoria que siguió este carbono liberado durante décadas, Schuur y sus colegas concluyeron que, inicialmente, el ecosistema fue capaz de asimilarlo.
Sin embargo, "en períodos más largos de tiempo" las "significativas" cantidades de carbono liberado por efecto de la fundición de esta capa subterránea de hielo no podrán ser asimiladas por el ecosistema, y el permafrost podría convertirse en una enorme fuente de carbono en un mundo ya de por sí afectado por el calentamiento global, advierte el estudio.
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