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Foto: GETTY IMAGES
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"Mi nombre es Sonia González Ruiz, soy una mujer que vive con VIH". Así se presenta esta activista de 37 años, viuda y madre de dos hijos, justo antes de comenzar a relatar la historia que la llevó a ser una de las mujeres pioneras en el país en dar a luz un hijo sano siendo seropositiva.
Contrajo el virus hace 13 años, uno después de que su esposo Julio César, con el cual concibió a su primer hijo, falleciera en un accidente de trabajo. Tras la muerte de su cónyuge, a quien dice añorar hasta estos días, decidió rehacer su vida con Héctor, su amigo de hacía varios años.
"Mis padres me querían ver nuevamente casada, me aferré a encontrar en él al siguiente hombre de mi vida, y mantuve una relación de noviazgo de año y medio", comenta en el marco previo del 'Día Internacional de la Mujer'.
Pero lo que parecía una nueva oportunidad, se transformó en desencanto: 'Por desgracia acabé encontrándolo en mi departamento con otra chica mucho menor que yo y, además, hermosa, y terminé mi relación'.
Frustrados sus deseos de volver a formar una familia, emprendió el proceso para olvidar la amarga experiencia.
A sus 27 años, relata, 'encontré a un hombre extraordinario (que con el tiempo no lo sería tanto), Manuel, y mi vida se estabilizó, al punto de vivir un matrimonio como el primero: feliz y pleno'. Pero el destino le torcería la mano a su felicidad por segunda ocasión:
"Una noche en mi trabajo sonó mi celular y era Héctor, que casi sin voz me decía que tenia que hablar conmigo de manera urgente, pues se estaba muriendo".
Escéptica, aunque en un primer momento dudó de responder a su llamado, Sonia decidió acudir y al llegar a casa de su ex novio, fue recibida por su madre, quien "se sorprendió de verme. Le rogué que me dejara verlo, y lo hizo, no sin antes pedirme que no me asustara ni le hiciera daño con lo que me iba a contar".
Sonia rememora la triste imagen que encontró al entrar al cuarto: "Estaba convertido en un pedazo de hombre, lleno de granos, escarapelado, flaquísimo, moribundo".
Pero tras un breve diálogo, supo la noticia que terminó por dejarla sin palabras: "Me dijo que los médicos le habían diagnosticado VIH y le habían pedido avisarle a todas sus parejas de hasta cinco años atrás".
Comenta que tras la muerte de Héctor, su esposo la conminó a olvidar el asunto, asegurándole que ambos estaban bien de salud, pero ella decidió realizarse una prueba para saber si estaba contagiada y "salí positiva en el primer Elisa (test) y fue muy fuerte pues recibí la noticia por teléfono. Me desesperé, lloré. ¿Qué iba ha hacer y qué le diría a mi esposo? Tenía que decirle la verdad y lo hice".
En ese momento, agrega, recibió el apoyo de su marido, y se inscribió en un programa estatal para enfermos de VIH, desde donde la derivaron a un hospital.
Allí confirmaron el diagnóstico: "Me dijeron que tenía tratamiento, pero que no sabían cuánto tiempo de vida me quedaba. Manuel y mi hermana eran los únicos que sabían que estaba contagiada". Pero un nuevo giro tomaría su vida al saber, ese mismo día, que estaba embarazada. "Quería matarme", reconoce.
Ese deseo fue aminorando al sentir el apoyo de su esposo y saber que existía tratamiento para evitar que su hijo naciera con el virus.
Tras decidir informar a su familia de su enfermedad, y al saber que su hijo había sido descartado como portador de VIH, se sintió mejor, y se convirtió en una de las primeras mujeres en el país con el virus que recibieron tratamiento previo a dar a luz.
Su esposo, rememora, fue alejándose poco a poco, hasta que encontró un trabajo fuera de la ciudad, lo cual terminó por hacerla caer en cuenta de que debía enfrentar su enfermedad y maternidad sin el que hasta el momento había sido su pilar fundamental.
Hoy, Sonia González es integrante de la organización Centro de Entrenamiento Concepto VIH-Sida e ITS A. C., así como de ICW México (Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con VIH-SIDA), ésta última, cuyo lema es "Nada para nosotras sin Nosotras", orientada a atender la problemática, pero desde y hacia las mujeres.
A nivel nacional formó parte de Frente Nacional de Personas Viviendo con VIH-Sida A.C. y de Mexicanas Positivas Frente a la Vida y es, a casi tres lustros de su contagio, una activista preocupada y ocupada en transmitir su experiencia a otras mujeres y a evitar que se repita en ellas.
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