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Columna Javier Sahagún (06/11)

 


Podría parecer demasiado temprano para hacer un corte de caja, pero la gran cantidad de decisiones tomadas en las Chivas permiten hacer ciertas consideraciones sobre esta temporada.

Todo lo ocurrido durante este Apertura 2009 ha significado algo que puede ser visto desde dos perspectivas: O que se trata de una temporada de transición, o que el proyecto de Jorge Vergara ha fracasado.

La primera versión, la de la supuesta transición, se justifica si tomamos en cuenta los cambios directivos. La llegada de Alberto Guerra, pero sobre todo la de Rafael Lebrija, significarían un intento por rehacer el plante para la próxima temporada (por favor, si éste es el caso, no vayan a utilizar el concepto "reingeniería". Ese ya se los ganaron en otro lado y resulta demasiado sangrón).

Las capacidades de Guerra para planear un plantel competitivo están más que comprobadas, mientras que las de Lebrija para negociar las contrataciones que se deriven de ese planteamiento también son del dominio público.

Desde mi punto de vista, Guadalajara sí necesita una remodelación mayor en su columna vertebral. Es cierto que hay mucho material rescatable, pero la ausencia del chiverío en las dos últimas Liguillas (o tres, si las cosas siguen como van) exige por sí misma, por definición, un cambio importante en el estado actual del equipo.

De repente me parece que hay una cierta propensión a sobreestimar el nivel del plantel. Chivas está para más de lo que ha logrado hasta el momento, eso es cierto, pero también es cierto que su inercia futbolística ya venía en descenso desde los últimos torneos con Efraín Flores en el timón.

El otro supuesto también hace sentido, el que implica el fracaso del modelo de su actual propietario: El Rebaño Sagrado ha obtenido prácticamente los mismos números que en el mismo periodo precedente a su consagración como dueño (si no es que a estas alturas ya son inferiores).

La ascensión de Vergara al poder no ha supuesto una mejoría en casi ninguno de los aspectos que manejó como "promesas de campaña": El uniforme duró limpio muy poco tiempo, el mejor técnico del mundo nunca llegó, se logró un campeonato pero el siguiente no se ve cerca; vaya, hasta el nuevo estadio se ve pequeño para las aspiraciones de grandeza que fueron expresadas en esos primeros días. Todo terminó convertido en una gran promesa de humo.

El próximo período de contrataciones nos dará mucha luz sobre los verdaderos resultados de estos siete años de administración, pero sobre todo del futuro del equipo.

El aspecto deportivo reciente ha estado empañado por dos fracasos más o menos previsibles con la presencia de Francisco Ramírez, primero, y luego de Raúl Arias. Con ellos, se dieron varios pasos atrás; se dieron auténticos palos de ciego.

Quiero pensar que este es un periodo de transición y que vale la pena creer en un futuro mejor, de otra manera, no nos quedará más remedio que acostumbrarnos a un equipo legendario, con un pasado glorioso, pero con una actualidad bastante mediocre... y sin demasiados argumentos para salir del bache.

Usted, ¿qué piensa que pasará?

 

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